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El cerebro infantil 0-3 años (II) Las claves de la formación del cerebro en los primeros años de vida

En la entrada anterior dejamos sin responder una de las preguntas más relevantes sobre en qué enfocar y cómo desarrollar el trabajo de maestros y educadores en la etapa de 0-3 años. La pregunta en concreto era ¿qué aspectos son la clave en la formación del cerebro durante estos primeros años de vida? Las investigaciones llevadas a cabo en los últimos 50 años no parecen dejar lugar a dudas, cinco ámbitos de intervención resultan claves en este periodo de edad de cara a favorecer al máximo el desarrollo del cerebro en etapas posteriores:

  1. Una buena nutrición
  2. Una relación protectora y de cariño con los padres y cuidadores
  3. Una exposición rica al lenguaje
  4. Horas de juego enfocado al aprendizaje
  5. Comenzar a desarrollar su función ejecutiva

Una buena nutrición

Una buena nutrición es el combustible y el acelerante del crecimiento. Desde los primeros minutos de vida, la lactancia proporciona importante beneficios al niño que le acompañarán para siempre:

    • para su sistema inmunológico
    • para la cognición
    • para el crecimiento y su desarrollo
    • y por supuesto, para el establecimiento de vínculos emocionales

La capacidad futura de aprendizaje se va a decidir durante este periodo de la vida. Los déficits nutricionales tanto en el periodo prenatal como durante los primeros años de vida van tener efectos irreversibles en el desarrollo y la maduración del sistema nervioso central. Estas deficiencias pueden tener consecuencias devastadoras en el sistema psicomotor, del que dependen la adquisición y maduración de áreas como:

    • la motora
    • el lenguaje
    • el área psico-social
    • y el área cognitiva

Es a través del área cognitiva como el cerebro procesa la información procedente de los sentidos. Una mala o deficiente nutrición va a afectar a la capacidad atencional, necesaria para captar esta información, esto su vez hará difícil la memorización y por lo tanto el aprendizaje se verá seriamente comprometido. 

Qué podemos hacer en el aula: 

–  Asegurar que el niño adquiere una alimentación equilibrada durante el periodo que permanece con nosotros.

–  Tener en cuenta que, tal y como las investigaciones ponen de manifiesto, un desayuno insuficiente reduce la atención, y sin atención no se va a producir aprendizaje. Ocupémonos de no desatender esta comida y dediquemos el tiempo y el esfuerzo necesario para que adquieran el hábito del desayuno favoreciendo con ello que esta práctica les acompañe a lo largo de las diferentes etapas educativas.

Una relación protectora y de cariño con los padres y cuidadores

El bebé necesita interactuar cara a cara con el adulto. Durante la época en la que es amamantado, la distancia que se establece durante ese momento entre la cara de la madre y los ojos del bebé es de aproximadamente 20 o 25 cm, precisamente la distancia en la que el bebé tiene una visión más clara. 

Entre el mes y los tres meses el bebé es capaz de apreciar los cambios en el rostro, y los estudios demuestran que prefieren los rostros a otras imágenes. Cuando nos miran estudian nuestros movimientos, cómo se produce el habla, qué forma adoptan nuestros, labios, los dientes, la lengua, aprenden y nos imitan, somos su modelo. Tocar, oír y ver, son tres fuentes fundamentales para su aprendizaje.

Lo más importante es establecer la “relación de apego”, un vínculo estrecho y fuerte que le permite tener la seguridad de que siempre habrá alguien al otro lado, alguien receptivo a sus demandas y necesidades, de modo que pueda predecir que no le va a fallar. Si recordamos que una de las características del cerebro es “buscar sentido” y coherencia en el flujo de información y aprende por asociación, “si hago esto-sucede esto otro”, y que cuanto más pequeños son los bebés más básicas son esas asociaciones, responder rápidamente a las demandas del bebé les ayudará en la gestión emocional de cómo se sienten. Aprender cuanto antes el patrón entre la necesidad y la ayuda es importante para su seguridad, lo que se ve beneficiado por la forma suave en que hablamos y nos dirigimos a los bebés en nuestra interacción y comunicación con ellos.

Es posible que surja la duda de si los bebés durante estos primeros meses tienen la capacidad de manipular al adulto para conseguir sus fines. La respuesta desde la ciencia es que las funciones ejecutivas ligadas al establecimiento de metas y la planificación y organización para obtenerlas no están activas en esa fase de su desarrollo cerebral. Recordemos que el cerebro se desarrolla de dentro hacia afuera, y de atrás hacia delante, de manera que mientras sus estructuras emocionales sí estan activas de modo temprano, no lo están las ejecutivas que se sitúan en el parte prefrontal del cerebro. 

No obstante, poco a poco hay que ir definiendo las reglas sobre lo que sí pueden obtener y lo que no, de manera que pueda establecer patrones que le ayuden a la autorregulación interna, para lo que van a necesitar múltiples repeticiones hasta instaurar y automatizar el patrón de respuesta correspondiente. Esta es una tarea de aprendizaje mutuo, en la que tanto cuidador como bebé irán diferenciando el tipo de lloro (de hambre, sueño, aburrimiento…) para responder en cada momento de la manera más adecuada, bien para la atención rápida o para la fijación de límites.

Otro aspecto a tener en cuenta en la creación de vínculos y relación de apego es que generar climas de confianza ayuda a liberar oxitocina. El contacto suave y cariñoso tiene muchos efectos positivos, como demuestran algunos estudios (Touch Resarch Institute, Universidad de Miami):

    • En niños de 6 meses menor ansiedad y sueño más profundo y más alerta.
    • En niños pequeños y preescolar, mayor atención.
    • Menos producción de cortisol (hormona del estrés) en niños y adultos.
    • Mejora de las funciones inmunes en todas las edades.

A medida que los niños van creciendo las caricias pueden ir transformándose en otro tipo de manifestaciones, como chocar las manos a partir de los 5 años, mensajes de apoyo valorando el trabajo y mostrando reconocimiento, y a otras edades más avanzadas una palmada en el hombre o en el brazo puede ayudar a mejorar la atención. En general, hemos de trabajar para crear climas emocionales seguros, que el sistema límbico no interprete como como amenazantes, lejos del estrés y el caos que conducen a respuestas y comportamientos agresivos, impulsivos y no regulados.

Qué podemos hacer en el aula:

–  Favorecer que los cuidadores puedan establecer lazos y vínculos duraderos en el tiempo que permitan llegar a desarrollar la relación de apego, en el ideal los 3 años hasta pasar a las aulas de infantil.

–  Contar a persona “cariñosas” que no les avergüence decir “te quiero” y utilicen de forma continuada refuerzos verbales positivos que les ayude a reconocer lo que hacen bien y a corregir sin angustia las respuestas menos adaptativas. 

– Crear entornos que propicien la sensación de seguridad y hagan que los niños se sientan cuidados y queridos. Por un lado, el contacto físico estrecho contribuye a generar sentido de seguridad que es imprescindible para el desarrollo cognitivo del niño, por otro, los entorno positivos predecibles que favorecen la empatía con otros ayudan a desarrollar la capacidad de autorregulación y un autoconcepto más positivo.  

Una exposición rica al lenguaje

En el momento del nacimiento el cerebro del bebé es capaz de percibir los 800 fonemas que conforman la totalidad de las lenguas del globo. A los 6 meses de vida de vida el cerebro entra en un periodo sensible respecto de la habilidad del lenguaje, pues es el momento en el que se encuentra mejor dotado para percibir los sonidos de la lengua respecto de las vocales, y a los 9 meses lo está para las consonantes. Este periodo solo dura unos meses, sin embargo, para aquellos niños expuestos a una segunda lengua se abre la oportunidad de adquirirla hasta los 7 años de edad con cierta soltura  (Patricia K. Kuhl. Rev. Investigación y Ciencia. Enero 2016).

Este aprendizaje no es un proceso pasivo, la interacción social constituye un requisito básico y un enorme número de horas de escucha activa son imprescindibles para que el bebé aprenda una de las habilidades sociales más importantes en su proceso de aprendizaje. Y como en la relación de apego, la interacción cara a cara, la mirada directa y la retroalimentación del adulto tienen un gran poder e influencia en el desarrollo de este aprendizaje.

El comienzo de la comunicación verbal con el bebé se basa en la repetición de sonidos que inicialmente emite de forma accidental, se trata de balbuceos y sílabas sin sentido tales como “ta-ta”, “gu-gu”, y que como adultos repetimos  generalmente tras la escucha en un tono agudo, lo que ayuda a captar su atención. Además, pronunciar estas palabras más despacio, mientras los miramos y ellos nos observan, vocalizando con cierta exageración las sílabas, favorecerá la escucha de los sonidos con precisión y ello permitirá su reproducción por imitación.

Más adelante, entre los 11 y los 14 meses, mantener un conversaciones frecuentes cara a cara con los bebés será una estimulación maravillosa para seguir favoreciendo en ellos el desarrollo del lenguaje. 

Qué podemos hacer en el aula:

–  Hablar, hablar y hablar. Alrededor de los 4 o 5 meses, cuando todavía no pueden comunicarse verbalmente, el lenguaje de signos resulta un gran aliado. Podemos asociar palabras muy concretas a signos que repetiremos de modo constante cada vez que estas palabras aparezcan en nuestra interacción con ellos (comer, dormir, cambiar -pañal-, más, agua…). Pero no será hasta los 7 o 9 meses que el bebé podrá reproducir alguno de estos signos, pues hasta entonces su coordinación psicomotora no le permitirá realizar los movimientos motrices necesarios para su reproducción. (Neurociencia infantil. Jill Stamm. Narcea. 2018). Esta comunicación,  realizada siempre de forma consciente en interacción cara a cara mientras le permite ver perfectamente el gesto y la palabra que pronunciamos, le ayudará a desarrollar la habilidad cognitiva de la predicción, tan necesaria para la supervivencia.

–  Hablar y relacionarse con ellos a través de historias, libros, cuentos, canciones… Crear entornos ricos en lenguaje, con amplio vocabulario, es una obligación para todo docente dentro del aula y en la familia, ya que esto favorecerá más adelante la comprensión lectora y el desarrollo conceptual en el que se desenvolverá a lo largo de toda la etapa escolar, y desde luego durante toda su vida.

Por ello, mantener conversaciones frecuentes, y realizar la lectura compartida, son grandes estrategias para desarrollar el lenguaje. Durante este momento compartido es importante señalar los objetos y los personajes que aparecen en la conversación, pues cuando lo hacemos el niño dirige su mirada hacia el objeto que estamos señalando y este gesto que se conoce como “atención compartida”, es esencial para el aprendizaje del lenguaje, según muestran las investigaciones. Nombrar la palabra que identifica aquello que señalamos, asegurarnos que ambos fijamos la mirada sobre la misma cosa y pedir que repita esa palabra varias veces, le facilitará el desarrollo del lenguaje.

Por otro lado, repetir la lectura de un mismo cuento o narración es interesante porque se fortalecen las redes o conexiones neuronales. La repetición es el mejor mecanismo que tiene el cerebro para fortalecer la memoria y producir aprendizaje. Además, volvemos sobre la idea de que tras varias lecturas pueden predecir qué va a ocurrir después, lo que les proporciona bienestar y seguridad.  Además, tras la lectura o durante ella, podemos aprovechar para introducir diálogos acerca de la historia, sobre lo que piensan en relación a lo que ocurre, o para preguntar si recuerdan lo que viene después, favoreciendo con ello el ejercicio de su memoria.

También es posible trabajar con niños de edades diferentes, y que los mayores ayuden a los adultos a contar la historia a los más pequeños, utilizando los propios libros o la teatralización como estrategia.

–  La educación musical, basada en tocar y practicar con algún instrumento, produce cambios en regiones del cerebro relacionadas con destrezas cognitivas que se vinculan con el desarrollo espacial, motriz y verbal. 

Incorporar también actividades que incluyan rimas y cantar canciones es importante para el desarrollo intelectual general. Las rimas y los ritmos siguen un patrón que se repite una y otra vez, y como dice Jill Stamm, “forman un un trío perfecto”, RIMA-RITMO-REPETICIÓN, tres “R” que les ayudará a futuro en el aprendizaje de la lectura, como se ha comprobado en niños que son capaces de mantener el ritmo de las canciones. 

Por tanto, leer libros y poemas que contienen muchas rimas, escuchar y cantar canciones, dar palmas secuenciando las palabras o mientras se canta y baila al ritmo de la música, así como tocar instrumentos sencillos como el triángulo, las campanas o un tambor siguiendo un ritmo, y utilizar juegos de palabras que formen rimas (diente-frente-fuente-puente-gente), son actividades fundamentales para el posterior desarrollo de la destreza lectora. En definitiva, trabajar en los pre-requisitos lectores.

Horas de juego enfocado al aprendizaje

El juego es una actividad presente en todas las etapas de la vida, y durante primeros años resulta un elemento fundamental para el desarrollo social, emocional y cognitivo.

Respecto de la neurociencia, el juego proporciona una fuente de continua de ocasiones para repetir una y otra vez sobre lo mismo de forma divertida. El juego activa el circuito de la recompensa del cerebro, de hace que cuando algo es divertido y agradable quiera repetirlo, así, cada vez que se da una repetición se fortalecen las conexiones neuronales y gracias a ello el niño mejora su destreza y se refuerza el aprendizaje. 

Juego libre y espontáneo, juego simbólico y juego dirigido por adultos, todos los tipos de juego contribuyen al desarrollo del cerebro. El juego libre resulta crucial para que los niños lleguen a ser competentes socialmente, para que aprenda a manejar el estrés y desarrollen habilidades cognitivas como la capacidad de resolver problemas, y al carecer de reglas ayuda al desarrollo de la creatividad. Jugar con iguales de modo libre requiere aprender lo que está aceptado y lo que no, requiere comunicación, y el lenguaje se hace más sofisticado pues obliga a proporcionar información de contexto, mientras que cuando juega con adultos estos pueden “rellenar los huecos de información, lo que facilita las cosas a los niños” (Melinda Wenner Moyer. Rev. Mente y Cerebro, nº 46. 2011).

Jugar a través de la experimentación con objetos cotidianos para usos no habituales, colabora también al desarrollo de la creatividad y la flexibilidad cognitiva. Por medio del juego el niño aprende a compartir, a desarrollar la cooperación, favorece su desarrollo emocional al lidiar con emociones de frustración, de enfado, de alegría o de conflicto.

Gracias al juego el niño se desarrolla a nivel motor, corre, salta, se estira y se arrastra, trepa, maneja objetos… Esta es también una razón poderosa para el juego. El desarrollo de habilidades perceptivo-motrices y de organización espacio-temporal neuromotor, le ayudará, primero a sentar las bases y posteriormente a desarrollar, las destrezas necesarias para el aprendizaje de la lecto-escritura.

Para Renz­-Polster los niños necesitan una gran variedad de estímulos y que se les apoye en su proceso de aprendizaje. Sin embargo, “una estimulación tem­prana no significa una escolarización anticipada. No existe ningún indicio que un niño sea más listo por experimentar un aprendizaje es­tructurado y precoz. Los niños aprenden a través de la comparación organizada con su entorno, es decir, mediante el juego libre y creativo”. Cuando se sientan y juegan en los cajones de arena, aprenden por ellos mismos que las cantida­des pueden ser grandes o pequeñas o que las cosas caen de las manos al suelo. Oyen piar a los pájaros, huelen el pastel que se hornea, inspeccionan los objetos que se les dan. Como el pequeño Pablo: mientras juega, descubre que la pieza de cons­trucción circular rueda, que la madera es dura y que tiene una superficie lisa. (Nele Langosch. Rev. Mente y Cerebro. nº 74. 2015).

Qué podemos hacer en el aula:

–  Animarles a que jueguen y experimenten y, en la medida de lo posible, dejar lo más abierto el final del juego, es decir, favorecer el juego libre tanto individual como grupal.

–  Observar y acompañar al niño para crear los escenarios que, siendo desafiantes, les proporcionen más éxitos que fracasos en la realización de las tareas y juegos, pues si a esta temprana edad el éxito cae por debajo del 80%, corremos el riesgo de que abandone en su intento por experimentar poniendo en juego el avance en su aprendizaje.

–  Trabajar desde la “zona de desarrollo próximo” ofreciendo solo la ayuda necesaria, de esta forma avanzarán hacia retos más ambiciosos.

–  Alabar y dar mensajes positivos al niño por su esfuerzo y no por su inteligencia, al margen de si alcanzó o no el resultado, haciéndole comprender que con más práctica puede conseguirlo. Es decir, sembrar y generar mentalidad de crecimiento, “una educación basada en el esfuerzo y la tenacidad, vinculando la sensación de aprendizaje con el esfuerzo y desarrollando la autoestima y la motivación intrínseca” (Jill Stamm, Neurociencia y aprendizaje. Narce. 2018) en el gusto por aprender.

Desarrollar su función ejecutiva

Los expertos y la investigación apuntan a que lo fundamental que han de aprender los niños en los primeros años de su vida ha de ser autorregulación, aprender a controlar sus impulsos, comenzar a crear el andamiaje de sus funciones ejecutivas.

Estas funciones se sitúan en el lóbulo frontal, concretamente en la parte prefrontal del cerebro, y son las últimas en terminar de desarrollarse. Esta parte del cerebro se ocupa del razonamiento abstracto, la fijación de metas, de la planificación y organización de las estrategias para alcanzarlas, de la anticipación de las consecuencias de las propias acciones, del control de los impulsos… También de la capacidad de concentración y de la revisión, control y ajuste de las estrategias para alcanzar los objetivos previstos. Estas destrezas se desarrollan paulatinamente a lo largo de muchos años, tantos como hasta la treintena, pero como apuntábamos, algunas de ellas comienzan a debutar a muy temprana edad y es tarea de los educadores guiar a los niños en sus primeros pasos de este camino a recorrer.

Aprender autorregulación emocional, la capacidad para controlar e influir en el propio comportamiento y sentimientos en los primeros 4 años de vida, les proporciona la oportunidad de ser menos impulsivos, demorar la gratificación y recompensas, controlar mejor el estrés, planificar mejor sus acciones y les hace más tenaces en perseguir sus objetivos. Los estudios demuestran que aquellos niños que en la primera infancia adquieren un buen manejo del autocontrol, este se se mantiene relativamente estable durante la etapa de la juventud. Todo esto sin duda, repercute en su desempeño escolar y laboral posteriormente.

Qué podemos hacer en el aula:

–  Con los bebés, transmitir seguridad y confianza, desarrollando vínculos afectivos y una comunicación fluida, tal y como hemos comentado hasta ahora.

–  En el caso de niños pequeños trabajando las rutinas diarias, haciéndoles explícito qué viene primero, qué después, y cuál es el final, es decir, la secuencia de los acontecimientos. Identificar bien los objetivos y los pasos que vamos a ir dando para alcanzarlos, dejando patente cuándo se han alcanzado los mismos, porque al cerebro también le gustan las recompensas y el éxito.

Cuando sean algo mayores les daremos la oportunidad de elegir entre dos objetivos, una vez hayan elegido uno de ellos les ayudaremos a definir los pasos que han de dar para llegar hasta él aportando feedback continuo durante la realización de la tarea, lo que les ayudará a saber cómo van progresando. Esta tarea se puede ir haciendo progresivamente más compleja a medida que vamos subiendo entre los 3 y los 5 años.

Mostrarles también que puede haber caminos, estrategias distintas para alcanzar el mismo objetivo, les permitirá trabajar la flexibilidad cognitiva.

–  Desarrollar programas de reconocimiento emocional tanto a nivel propio como en los demás, hablando durante largo tiempo sobre las emociones y enseñándoles a que aprendan que se puede tener una emoción pero expresar otro comportamiento distinto. Enseñarles a hablar consigo mismos para darse instrucciones, realizar teatralizaciones sobre problemas reales a los que se enfrentan.

–  Trabajar en la demora de la recompensa a través de la renuncia inmediata a ella, y manejando los tiempos de entrega de la recompensa de acuerdo a su edad, recordemos que el tiempo es un concepto complejo que va comprendiéndose poco a poco, por lo que al principio la entrega de la recompensa ha de ser rápida y algo más tarde después, y siempre cumpliendo la promesa.

–  Practicar el control del impulso a través de juegos de movimiento y parada, tipo “Simon say”, baile de estatuas, el escondite…

–  Trabajar la capacidad atencional y la concentración. Durante los primeros meses de vida el cerebro se está conectando para aprender a prestar atención, y lo hace a través de 3 redes atencionales, la red de alerta, la de orientación, y la ejecutiva. Hacia los 14 meses las dos primeras redes atencionales, alerta y orientación, están preparadas para desarrollar su función, en tanto que la red ejecutiva no estará en a pleno rendimiento hasta los 7 años.  No obstante, estas redes son muy influenciables por el tipo de experiencias a las que están expuestas, que pueden favorecer o ralentizar su desarrollo y maduración.

La atención es un recurso muy limitado a todas las edades, a estas aún más, diseñar sesiones cortas y variadas es absolutamente imprescindible para trabajar adecuadamente el desarrollo de la atención.

Afectan de modo negativo los entornos donde impera el desorden y el caos, o donde abundan los colores excesivamente fuertes, por ello se aconseja preferiblemente fondos neutros para las paredes, con un aspecto relajante. En el caso de los bebés, combinar patrones de colores llamativos como blanco-negro, rojo-amarillo, puede ayudarles a discriminar figura y fondo, en cualquier caso, a los 6 meses ya distinguen con claridad personas y cosas de su entorno diario.

Implicar emocionalmente a los niños es un recurso infalible para captar la atención: mostrar gran interés por un tema, jugar con el tono de voz, crear oportunidades que estimulan la curiosidad, contribuye a su aprendizaje.  

–  Trabajar con organizadores visuales, la memoria de las experiencias visuales es muy potente y ayuda a organizar el resto de informaciones que el cerebro recibe. Y tener en cuenta además que el cerebro da prioridad a lo que está al principio y al final de una lista, tanto si esta información se escucha como si se visualiza.

Utilizar imágenes reales para que puedan identificar fácilmente lo que se quiere transmitir, y secuenciar siempre la información.

Apoyarse en el arte, y pedirles que dibujen la historia que se está contando, ayudándoles a ordenar y clasificar las imágenes.

–  Favorecer la “mirada compartida” practicando la observación conjunta de algo, haciendo preguntas abiertas directas que le hagan prestar atención. 

–  Alternar juegos y libros, siguiendo la lectura a través de dramatizaciones que capten su atención (cambios de voz, movimiento, disfraces, expresiones faciales…).

–  Poner a su alcance espacios que favorezcan la estimulación multisensorial para que puedan observar, tocar, escuchar, moverse, y que todo ello esté accesible a lo largo del día. Puede resultar también un buen recurso crear dentro del aula “centros de aprendizaje” que permitan el aprendizaje del lenguaje, matemáticas, artes, juegos manipulativos, la exploración sensorial y el arte dramático.

En definitiva, trabajar en enseñar a los niños a no distraerse y centrarse en sus objetivos, es clave ahora y para su futuro. Los que sean capaces de marcarse objetivos y mantenerlos tienen más posibilidades de sentirse satisfechos y recompensados en el camino de adaptación permanente que la vida les va a exigir ahí afuera, y si hemos elegido ser sus educadores es nuestra responsabilidad acompañarlos y guiarlos en ese largo camino que acaban de empezar a recorrer.

Bibliografía

  • J. Stamm (2018). Neurociencia y aprendizaje. Narcea. 
  • Kuhl, P.K. (2016). “Cómo adquieren los bebés el lenguaje”. Rev. Investigación y Ciencia. Ene. 2016.
  • Langosch N. (2015). “La trascendencia del aprendizaje temprano”. Rev. Mente y Cerebro. nº 74.
  • Mendoza, F. M. (2018). “Bases de la Neurociencia. Educación Infantil”. AMEI-WAECE. Asociación Mundial de Educadores Infantiles.
  • Stix, G. (2011). “Técnicas para la estimulación del aprendizaje”. Rev. Investigación y Ciencia. Oct. 2011.
  • Weisberg, D. (2017). La ventaja de la fantasía. Rev. Mente y Cerebro, nº 82.
  • Wenner Moyer, M. (2011). “La importancia de jugar”. Rev. Mente y Cerebro, nº 46.

El cerebro infantil 0-3 años (I) Una etapa vital en el desarrollo del cerebro

En palabras de la neurociencia, el cerebro se transforma y cambia a lo largo de toda la vida de cualquier ser humano, pero es entre los 0 y los 3 años cuando se construye. Y bajo esta contundente afirmación ¿no sería necesario que, sin llegar a convertirse en expertos, maestros y educadores adquiriesen unas cuantas nociones sobre cómo se desarrolla el cerebro en tan vital etapa de la vida? Estamos convencidos como educadores que conocer cómo se lleva a cabo este avance temprano es realmente importante, pues el periodo en el que se trabaja con estos cerebros es decisivo e influirá de modo determinante en etapas de desarrollo posteriores.

El desarrollo del cerebro

El cerebro se desarrolla de 4 formas simultáneas:

De atrás hacia delante: primero las estructuras visuales, el bebé es capaz de ver a los 6 meses casi tan bien como un adulto

De dentro hacia afuera: del sistema emocional, situado en el sistema límbico, hacia el córtex que procesa y almacena la información.

De arriba a abajo: desde la parte que controla las funciones básicas, el bulbo raquídeo, hacia el control de movimientos motrices y el procesamiento de información del córtex. 

De derecha a izquierda: el hemisferio derecho es más activo al nacer hasta que, hacia el final del primer año de vida, el hemisferio izquierdo ha alcanzado su poder en la recepción y expresión del lenguaje. No obstante, durante toda la vida ambos hemisferios se comunicarán y trabajarán juntos, el cerebro es un órgano holístico en su funcionamiento.

Entre el nacimiento y los 5 primeros años de vida se desarrollan casi por completo estructuras como el bulbo raquídeo y el sistema límbico, el primero se ocupa de funciones como la respiración, el ritmo cardíaco y la regulación de la temperatura, mientras que el segundo se constituye come el centro de procesamiento emocional por excelencia y tiene además un papel fundamental en la motivación.

Un adecuado desarrollo de estas estructuras complejas en esos primeros años de vida proporcionará un andamiaje adecuado para favorecer el desarrollo de otras estructuras de maduración más tardía como el neocórtex, la estructura con múltiples pliegues característica del cerebro y formada principalmente por materia gris, que procesa y almacena la información que vamos acumulando a lo largo de nuestra vida, nos permite prestar atención, gestionar las emociones, tomar decisiones, y nos permite aprender. Además, el neocórtex tiene la capacidad de cambiar y reestructurarse continuamente conocida como plasticidad cerebral.

En cuanto al sistema límbico, la neurociencia ha dejado patente la importancia que esta estructura tiene en el proceso de aprendizaje, hoy no cabe de que “no hay aprendizaje sin emoción”.

La cognición y la emoción son dos aspectos interrelacionados del funcionamiento humano, y las emociones incluyen tanto procesos cognitivos como sensoriales. Podríamos sostener que el objetivo de la educación es cultivar en los niños un repertorio de estrategias y opciones cognitivas y comportamentales que les permitan reconocer la complejidad de las situaciones y responder a ellas de forma cada vez más flexible, sofisticada y creativa, acompañándoles y ayudándoles a lo largo de este proceso (M. H. Immordino Yang & Antonio Damasio, 2011).  

En este sentido, conocer mínimamente el sistema emocional por excelencia, el sistema límbico, se hace imprescindible, y dentro de este cuatro estructuras con un peso específico en el procesamiento emocional: la amígdala, el hipocampo, el tálamo y el hipotálamo

– Amígdala: en realidad el sistema límbico posee dos amígdalas, una en cada hemisferio, cuya función principal es detectar cualquier estímulo que pueda ser perjudicial para la supervivencia del individuo, de manera que, una vez detectada una posible amenaza, toma las riendas de la situación para “obligar” a nuestro cuerpo hacia una respuesta de huida y asegurar esa supervivencia.

– Hipocampo: Como en el caso de las amígdalas, nuestro cerebro tiene dos hipocampos. Esta estructura es la responsable de la generación de los recuerdos que almacenaremos en el neocortex a lo largo de la vida, y despierta lentamente en su desarrollo. Esta es la razón de que no podamos recordar nada o casi nada de lo que nos ocurrió antes de los tres o los cinco años de vida.

En el buen funcionamiento del hipocampo es importante cómo hacemos llegar la información que vamos dando a conocer a nuestros alumnos, pues esta estructura por un lado la evalúa en cuanto a si es o no interesante su archivo, y por otro el almacenamiento se ve o no favorecido en función de cómo es de clara y está organizada dicha información. La clave del recuerdo es la repetición.

– Tálamo: su aspecto es como una nuez y controla de manera continua el entorno actuando de filtro de la información que llega al cerebro para reenviarla a otras estructuras que la procesarán después.

– Hipotálamo: si por su forma el tálamo se asemeja a una nuez, el hipotálamo se parece a una aceituna cuya función es la homeostasis del cuerpo, su control interno, siendo responsable de la liberación de muchas hormonas del cuerpo.

En este conocer detalles del desarrollo y funcionamiento del cerebro de cara a optimizar nuestra labor como educadores, es importante tener en cuenta algunas de las características fundamentales que comparten todos los cerebros. Así encontramos que el cerebro:

Conserva la energía, o lo que es lo mismo, busca la máxima optimización de la cantidad de energía total del cuerpo en cada momento, que no es infinita. Esto tiene mucha repercusión de cara al aprendizaje y las tareas que le pedimos que lleven a cabo los alumnos en el aula.

Busca siempre placer, porque este placer libera un cóctel de productos químicos que en todo ser humano provoca sensación de bienestar, y los humanos preferimos siempre el placer al dolor.

Busca novedades, experiencias nuevas, ya sean en forma de sonidos, objetos, personas o imágenes que captan la atención de los cerebros. En una primera instancia, evalúa esa información en modo ¿atenta contra mi “supervivencia”?, si no es así valorará si es o no lo suficientemente atractivo para dedicarle más tiempo de atención. En el bebé este tiempo de atención es corto y una vez clasificado en función del riesgo que supone pasa a otra nueva experiencia.

Busca patrones, pues identificar el modo en que algo funciona es fundamental ya que nos permite hacer predicciones, y ello nos da una llave para la supervivencia. En el caso de los bebés estas predicciones tienen mucho que ver con algo tan primario como la confianza en que puede contar con alguien para atender sus necesidades y demandas. El cerebro busca de modo natural los patrones que hay en cada nueva experiencia de modo que esto le permita predecir y automatizar conductas.

Son muchos los aspectos del aprendizaje que estarán ligados al reconocimiento de patrones: la tablas de multiplicar, el sistema decimal, el lenguaje, la lectura, la escritura, la gramática…

Busca sentido, coherencia, en el flujo de información que le llega a través de los sentidos. En la medida en que se repite esa misma información una y otra vez va conformando el conjunto de ideas, conceptos y fundamentos que le permitirán comprender el mundo. Entre los 7 los 12 meses, y durante toda la vida después, el cerebro sigue el principio de asociación “si hago esto sucede esto otro”, es un “aprendizaje de causa-efecto” que le permitirá continuar aprendiendo de las diferentes experiencias a las que se irá enfrentando a lo largo de la vida. Es el “qué sucede si….”

Se adapta, esta es la cualidad conocida como plasticidad cerebral, es la cualidad por excelencia del cerebro, su capacidad de cambiar y transformarse de modo continuo con el fin de sobrevivir. Para eso aprende de modo continuo y lo hace especialmente durante los primeros años de vida, en los que todo es nuevo y ha de ser explorado y asimilado para maximizar las probabilidades de supervivencia.

Aprende desde lo que ya conoce. El aprendizaje depende de los conocimientos previos que el cerebro tiene almacenados. La información no se guarda aisladamente, sino que se vincula con información ya existente con la que está relacionada, integrándose en una red neuronal existente. Por este motivo, es importante que antes de trabajar sobre algo nuevo se hagan ejercicios de recordatorio acerca de lo que ya sabe el niño, empleando imágenes, objetos, y que se vincule de forma explícita lo nuevo con lo conocido a través de múltiples formatos, de modo multisensorial, facilitando por vías distintas el recuerdo del nuevo conocimiento adquirido.  

Durante los primeros años el cerebro del bebé crea más de 1 millón de conexiones neuronales cada segundo, con cada cambio que detecta crea nuevas conexiones y muchas de ellas se perderán porque no volverán a utilizarse. En los 3 primeros años años de nuestra vida se construye nuestro cerebro, que seguirá cambiando durante toda la vida pero las primeras experiencias son claves, y conformarán la pauta que va a predecir en gran medida lo que puede llegar después. La investigación científica respalda la existencia de periodos críticos durante el primer y el segundo año de vida en relación a la adquisición de dos aprendizajes, uno es el sentido de la vista, y el otro el de la audición, sin exposición a los estímulos necesarios ninguno de estos sentidos tendrá la maduración necesaria para que el bebé desarrolle la visión y la audición.

Pero ¿qué aspectos son la clave en la formación del cerebro durante estos primeros años de vida? En las próximas entradas iremos desarrollando estas claves.

¿Neuromitos? ¿Qué sabes del cerebro?

En los neurotiempos que corren, uno se puede topar con todo tipo de información. Desde Niuco, no podemos insistir lo suficiente en la importancia que tiene indagar y cuestionarse las cosas. La mente científica es una mente escéptica, y busca más preguntas que respuestas absolutas. ¡Juguemos a los neuromitos!

Queremos acercar esta idea a las redes con un juego que hemos arrancado esta misma semana: ¿Qué sabes de neuromitos? El juego lo lanzamos por twitter desde @niucoedu compartiendo periódicamente una pregunta acerca de lo que se puede considerar un mito en cuanto al cerebro humano. La mayoría tendrán que ver con el ámbito educativo abarcando aspectos o características del funcionamiento del cerebro que se dan por sentados, y que pueden ser más o menos acertados. El propósito del juego es averiguar si son Neuromitos o no. ¡Os invitamos a estar atentos! Después de cerrar la votación de cada pregunta, aportaremos una argumentación con nuestro criterio al respecto.

 

¡A jugar!

¡Viva la divulgación!

El pasado 16 de septiembre tuvimos el honor de participar en Scenio Bilbao, con un grupo de personas maravillosas que hacen divulgación científica utilizando el humor, los monólogos, los sketch e incluso la magia. De la mano de nuestro compañero Michael Thomas Bennett pudimos acercar al público al trabajo que hacemos en Niuco, construyendo un puente entre las neurociencias y la educación.

Todavía queda mucho trabajo por hacer y a la hora de indagar en las investigaciones neurocientíficas recientes. Uno debe ser cauto con la información entendiendo que, no porque se obtengan unos resultados en un experimento o investigación controlada se obtendrán los mismos en otro contexto. Ésta, de hecho, es una de las mayores críticas hacia la “Neuroeducación”. Pero bueno, esta pequeña entrada no trata de los pros y contras de esta nueva disciplina, sino de nuestra experiencia en la labor divulgativa, labor imprescindible para extender la ciencia en el mundo.

Nosotros no somos científicos, pero sí profesores. Y de hecho, hablando con los miembros de Scenio en Bilbao, la mayoría científicos, llegamos a la conclusión de que la profesión del profesor se podría contemplar como divulgación. En cierto modo, el profesor acerca contenidos y conceptos a un público que antes los desconocía. De hecho, los profesores tienen muchas dotes comunicativas que a los científicos les faltan para hacer llegar la información de una manera didáctica. Y así es como NIUCO entra en el mundo de la divulgación.

Michael realizó dos actividades en esta edición: Un BreakOutEdu que trata del cerebro humano y una actuación de magia. Si quieren más información acerca del juego del cerebro no duden en contactar con nosotros mientras que el juego de magia se puede ver en el siguiente enlace:

/www.eitb.tv/es/video/scenio-2018/6195/149398/scenio-goizeko-saioa/

¡Pasen y vean y viva la divulgación!

Mentalidad de crecimiento

The Growth Mindset, o mentalidad de crecimiento en español. Suena casi como otra palabreja de autoayuda que será la nueva clave del éxito. Pero si uno investiga más allá de su superficie descubrirá que no es una mera moda. Verá que la mentalidad de crecimiento se trata de ciencia. Es fruto del trabajo de la psicóloga e investigadora Carol Dweck, quien durante años ha trabajado sobre la psicología del éxito.

Antes de entrar en harina, nos gustaría ofrecer nuestra visión de lo que es el éxito. Desde luego no incluye el tipo de logros como el dinero, coches, amores, premios, etc. Hablamos del éxito de una persona cuando logra las metas que se propone, sean cuales sean. Esto en sí tiene bastante que ver con la mentalidad de crecimiento, de ser la mejor versión de uno mismo aún sin saber exactamente cómo es esa versión, en este sentido entendemos que el éxito tiene más que ver con el proceso, con el camino hacia la meta, que con la meta en sí misma. Y con esta mentalidad veremos que las personas no se conforman con los éxitos logrados, sino que se plantean nuevos objetivos a perseguir alcanzando esa mejor versión de uno mismo en constante crecimiento.

Resumir la mentalidad de crecimiento con una idea simple sería decir que toda persona siempre tiene la capacidad de mejorar o, en otras palabras, de aprender. Dweck centró sus investigaciones iniciales en la inteligencia, pero con el paso del tiempo se dió cuenta de que en realidad cualquier habilidad, aptitud o capacidad, puede mejorar. Y más importante todavía, saber esto ayuda a las personas a afrontar los obstáculos y las dificultades que va encontrando en su camino como una parte más del aprendizaje. Quizás la palabra más significativa en el léxico de una persona podría ser “todavía”. El poder de esta palabra nos recuerda que, a pesar de lo que ocurra, cuando no alcancemos nuestras metas, es “sólo por el momento” y con esfuerzo, práctica, repetición y determinación, se puede lograr. Con esta entrada queremos acercaros a algunos puntos clave de la mentalidad de crecimiento y, sobre todo, cómo fomentarla en el alumnado.

En el trabajo de Mindset, Dweck nos ofrece dos mentalidades que una persona podría tener en un momento dado: una mentalidad fija o una mentalidad de crecimiento. Estas dos mentalidades se pueden caracterizar por las actitudes y creencias que uno posee acerca de los éxitos y los fracasos, o mejor dicho, los errores. Ofrecemos a continuación una tabla con comparando las dos mentalidades ante diferentes situaciones extraídas directamente del trabajo de Dweck:

En NIUCO hemos desarrollado un taller organizado en tres módulos independientes pero que se complementan entre sí, para acercar a los alumnos a las dos mentalidades. De este modo, cada centro puede optar por la modalidad que mejor se adapte a sus intereses y necesidades eligiendo hasta dónde llegar.

En el primer módulo damos a conocer las dos mentalidades haciendo un diagnóstico de cuál de las dos predomina en los alumnos. Basándonos en las preguntas tipo que tiene publicados Dweck en su libro “Mindset”, las hemos adaptado a nivel lingüístico para poder utilizarlas independiente de la edad.  Seguidamente reflexionamos sobre las dos mentalidades compartiendo historias de personajes conocidos e historias personales para ver cómo pueden afrontarse los obstáculos que aparecen en diferentes situaciones. Para terminar esta sesión introductoria creamos entre todos un mural en el que los alumnos pueden anotar frases de las dos mentalidades. De este modo tendrán una referencia a frases que pueden decirse a sí mismos e incluso entre ellos, para fomentar una mentalidad de crecimiento, así como frases que deben evitar para no fomentar una mentalidad fija.

El segundo módulo es clave para que los alumnos entiendan el por qué biológico detrás de la mentalidad de crecimiento y cómo aprende el cerebro. Dweck realizó todas las investigaciones con dos grupos de alumnos diferenciados, uno de los grupos recibió formación teórica sobre cómo aprende el cerebro y qué es la mentalidad de crecimiento, mientras que el otro grupo actuó como grupo de control y no recibió ningún tipo de enseñanza previa sobre la materia.

El trabajo que desarrollamos desde Niuco tiene su base teórica en la neurodidáctica, «una disciplina que plantea las cuestiones didácticas y pedagógicas en el proceso de enseñanza-aprendizaje desde los hallazgos del campo de las neurociencias. Siguiendo este planteamiento hemos diseñado actividades multi-sensoriales y dinámicas para que los alumnos recorran sus cerebros aprendiendo fisiología básica y características de su funcionamiento, como la neuroplasticidad que, de hecho, es el fundamento de la mentalidad de crecimiento, y se refiere a la capacidad biológica de nuestro cerebro para cambiar y moldear las redes neuronales que permiten ir definiendo quiénes somos a lo largo de la vida. Estos cambios se producen independientemente de nuestra edad y de nuestras capacidades innatas y es lo que nos permite aprender en cualquier momento de la vida y tener la oportunidad de convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos.

Finalizamos este módulo hablando de un tema de psicología llamado el Efecto Pigmalión, puesto que encontramos muchas similitudes entre este y la mentalidad de crecimiento. El Efecto Pigmalión nos dice que nuestra autoimagen se ve afectada por la imagen que tienen los demás de nosotros, es  decir, una persona puede llegar a aceptar que es “tonta” si las personas de su entorno le etiquetan como “tonta”. Si enlazamos esta idea con la de mentalidad de crecimiento e inculcamos en los alumnos que la cuestión no es si son inteligentes o tontos, creativos o no, deportistas o no, sino que todos tenemos siempre la capacidad de mejorar en cualquier ámbito de nuestras vidas. Es cierto que, con el paso del tiempo el nivel de excelencia que podremos alcanzar en algunos aprendizajes estará por debajo del que conseguiríamos si hubiésemos empezado más jóvenes. Pero ésto nos conduce a la idea de la mejor versión de uno mismo. Incluso a los 80 años podríamos enfrentarnos al aprendizaje de un nuevo idioma, siendo conscientes que el dominio que adquiriremos del mismo no será el mismo que de haber empezado a los 16. Este ejemplo sirve para traer a colación el famoso neuromito de los «periodos críticos» del aprendizaje, según el cual existen unos espacios temporales que resultan determinantes para la adquisición de algunos aprendizaje, y que pasado ese tiempo ya no es posible alcanzar dichos aprendizajes. La neurociencia ha demostrado que sería más correcto hablar de «períodos sensibles» para algunos aprendizajes y otros periodos “críticos” de desarrollo cognitivo como es el caso del desarrollo fonológico para el lenguaje, o de la vista, muy ligados a un desarrollo neuro-anatómico durante los primeros meses de vida. Pero por lo general, es importante entender que el cerebro es tremendamente plástico y que con esfuerzo y tiempo podemos aprender y re-codificar los aprendizajes adquiridos a lo largo de nuestras vidas.

En nuestro programa estos dos módulos se ofrecen de manera independiente, aunque consideramos que es muy importante hablar a los alumnos sobre el funcionamiento del cerebro humano para que entiendan qué es la neuro-plasticidad para así acercarles todavía más a una mentalidad de crecimiento. De hecho, recordemos que estos conocimientos son el cimiento de las investigaciones de Dweck.

Y en este punto llegamos al tercer módulo. Esta última fase del programa está inspirada en los planteamientos de “Genius Hour” o el “20% time” que siguen diferentes profesores de EE.UU, y que consiste en ofrecer a los alumnos tiempo y espacio para aprender sobre lo que ellos quieran. Durante cinco sesiones, los alumnos podrán elegir una actividad a la que enfrentarse a lo largo del módulo, les animamos a que elijan alguna actividad que, o bien desconocen, o bien realizan con poca frecuencia, o incluso consideran que “se les de mal”. Con estas premisas, nos aseguramos de vivir momentos de frustración y obstáculos en los que los alumnos pueden fomentar su mentalidad de crecimiento repitiéndose que “todavía no les sale como quieren.” Consideramos que esta estructura genera un contexto idóneo para fomentar una mentalidad de crecimiento dado que se caracteriza por permitir a los alumnos desenvolverse en situaciones autodidactas dentro de su contexto escolar.

Estos tres módulos son producto de un proceso de diseño en el que buscamos una manera de hacer didáctico el trabajo de Dweck. Y queremos destacar que no es más que eso. No es una receta mágica para garantizar el éxito del alumnado. De hecho, manteniendo una mentalidad de crecimiento, podemos ser conscientes de que con cualquier método o programa, habrá dificultades y obstáculos a superar y que en ningún caso llegaremos a la perfección. De eso se trata precisamente esta entrada, no buscamos la perfección, buscamos entregar estrategias al alumnado que les puede ayudar en momentos difíciles a lo largo de sus vidas porque siendo realistas, los van a encontrar. Así queremos acabar con las palabras de Zig Zigla quien señala que “es tu actitud, no tu aptitud, lo que determina tu altitud”.

Para tener más información acerca de nuestro programa visita nuestra página aquí:

Más información

 

 

La Capilla Sináptica

sinápsis

Hoy en el blog queremos compartir una entrada poco habitual. A la vista del arranque del curso escolar, queremos hacer una especie de homenaje a un acontecimiento mágico que tiene lugar en los cerebros. Un evento de milésimas de segundo que da sentido al mundo que nos rodea. Las sinápsis son lo que nos da la vida, lo que nos permite estar vivos, vivir los colores, los olores, nuestras emociones nuestros pensamientos y, en definitiva, todo.

¿Qué seríamos los seres humanos sin todas esas conexiones sinápticas que nos hacen únicos y maravillosos a cada uno de nosotros?

¡Que todos tengáis un buen arranque de curso y sigamos creciendo juntos conectados!

Proyecto de transformación en el colegio Base

Tenemos el placer de llevar a cabo uno de nuestros proyectos de transformación en el colegio Base de Madrid, uno de los centros pioneros en el aprendizaje a través de la Neurodidáctica que parte del funcionamiento del cerebro para abordar el conocimiento.

A través de esta metodología innovadora pretendemos optimizar los procesos de enseñanza y aprendizaje partiendo de todos los conocimientos que disponemos sobre cómo aprende nuestro cerebro, siendo la Neurodidáctica una disciplina que nace de la unión entre tres grandes ciencias: la neurociencia, la psicología y la pedagogía.

Como Niuco, hemos intervenido en este proceso de transformación en el colegio Base durante los últimos cuatro años y actualmente seguimos interviniendo en él. Trabajando junto a todo el profesorado de la etapa de primaria, aportando la formación necesaria y guiando el proceso de cambio, acompañando a cada maestro en la implementación de dicha metodología.

Para ello, basándonos en lo que llamamos “el rosco de aprendizaje”, hemos rediseñado cooperando con el profesorado cada una de las unidades didácticas del centro, comprobando mediante observaciones directas el éxito de las mismas.

“Rosco de aprendizaje”, Niuco

Como principio fundamental para que se produzca este proceso de cambio debemos tener en cuenta que “no hay aprendizaje sin emoción”.  Por este motivo, será fundamental tener muy presente ciertos aspectos como la necesidad de estimular nuestro cerebro, concretamente la amígdala, antes de todo aprendizaje. Toda información que nuestra amígdala interprete como novedosa e interesante, activará el córtex pre-frontal lugar dónde se produce el aprendizaje de orden superior. No podemos obviar tampoco que aprendemos desde nuestra propia experiencia, todos los cerebros son diferentes unos de otros porque el contexto y la experiencia también lo son.

Aprender haciendo será la clave para que se produzca el aprendizaje de forma significativa para el alumno, centrándonos en desarrollar las funciones ejecutivas de los alumnos y alcanzar los objetivos y contenidos marcados de forma competencial.

¿Neuroeducación o Neurohumo?

En la actualidad hay un boom de neuro-ámbitos; desde la neurogastronomía hasta la neuroeducación, pasando por el neuromarketing. La neurociencia es una disciplina en auge y poco a poco se acerca más a los diferentes aspectos de nuestra vida cotidiana. Abundan artículos y citaciones en las redes como Facebook y Twitter en los que se pueden leer todo tipo de consejos, advertencias y noticias con respecto a algún hallazgo reciente en el campo de las neurociencias. Es un campo en pleno crecimiento con lo que es importante recordar siempre algunas nociones sobre el manejo de la información para navegar de manera cautelosa en este mar gigante que es la neurociencia.

Desde NIUCO tenemos especial interés en la neuroeducación, es decir, la aplicación en las aulas de las escuelas de los conocimientos acerca de cómo aprende nuestro cerebro. Creemos en la ciencia y creemos en la educación. Y creemos que es altamente beneficioso acercar a toda la comunidad educativa (profesores, administraciones, alumnos y familias) a los hallazgos que han tenido, y están teniendo, lugar acerca de cómo aprende el ser humano y cómo esos aprendizajes moldean nuestros cerebros.

Recientemente leímos una publicación en el blog de José Ramón Alonso titulada ¿Es la Neuroeducación un concepto hueco? En este artículo el autor presenta de manera elocuente varios argumentos por los cuales no considera que esta disciplina, la neuroeducación, sea un ‘concepto hueco’, o un ‘globo’. Fue una lectura para nosotros muy grata, ya que el discurso general resulta ser muy coherente.

Antes de adentrarnos en si la neuroeducación es un concepto efímero o no, creemos que es interesante analizar la ciencia en sí. La ciencia, y la investigación científica, es una disciplina muy tediosa. De hecho, un buen científico es a la vez un escéptico. Es fundamental cuestionar todo y ser muy cauto en las conclusiones que se saquen de cualquier experimento empírico. Y recordemos por un instante que cualquier gran pensador también es escéptico a lo que percibe y lo que piensa. Los filósofos, los antropólogos, los psicólogos e incluso los pedagogos y profesores cuestionan continuamente los acontecimientos de sus campos llegando así a una gran comprensión de los fenómenos que contemplan.

En esta línea, es muy interesante que los científicos que estudien y contemplen ese fenómeno que es el aprendizaje compartan sus hallazgos y traten de acercar a la comunidad educativa cómo crecen y se transforman nuestros cerebros a lo largo de la vida. Sobre todo consideramos especialmente relevante para los maestros y los profesores contemplar estos hallazgos a la hora de desempeñar su labor docente. Esto no implica necesariamente que lo que dice un estudio o un artículo en concreto, se pueda extrapolar a cualquier situación o cualquier aula. Pero sí es interesante contemplar las implicaciones y conclusiones que conllevan para reflexionar sobre el rol del docente. Al igual que en educación siempre hemos leído y valorado trabajos de grandes pensadores como Dewey, Rousseau, Sócrates, Piaget y otros tantos, es el momento de leer y valorar los trabajos de investigación acerca del funcionamiento del cerebro.

De hecho, en nuestras lecturas de investigaciones y artículos de ‘neuroeducación’, vemos con agrado cómo muchas de las conclusiones nos remiten y enlazan con las ideas de los referentes clásicos de la educación anteriormente mencionados. Ideas y conceptos que se escribieron hace siglos vuelven a cobrar sentido bajo la nueva mirada den una nueva generación de pensadores e investigadores.  

En un campo como es la educación, en el que cada contexto varía, cada escuela, cada claustro, cada aula y cada niño es único, es fundamental no llevar ningún concepto o idea al extremo, ni tratar de implementarlos de la noche a la mañana, como si de repente hubiésemos dado con la receta mágica de la educación. Los hallazgos del campo de las neurociencias se deben aplicar en la educación después de un análisis minucioso del contexto en el que nos encontremos, los recursos que dispongamos y los objetivos de cada centro, entre otras cuestiones que engloban la base de una comunidad educativa. Una de las mayores críticas hacia la ‘neuroeducación’ es precisamente el hecho de que no podemos extrapolar directamente las observaciones realizadas en un laboratorio, donde se controlan al máximo las variables, a un entorno real de aula donde hay demasiadas variables que afectan al aprendizaje. Debemos ser por tanto muy cautos y no caer en el reduccionismo de traducir las conclusiones de las investigaciones a que una conducta, o manera de interactuar, sea por sí sola el causante de un mayor o menor aprendizaje.

Con todo esto dicho, sí hay varios hechos acerca del cerebro que parecen ser indiscutibles, como su plasticidad neuronal y la programación social inherente que posee. El ser humano es un ser social y tiene la capacidad biológica de aprender cualquier cosa a lo largo de la vida. Cierto es que se señala que hay ‘ciertas ventanas de oportunidad’ con respecto a diferentes habilidades, pero cultivar en nuestros alumnos una ‘una mentalidad de crecimiento’, con la que desarrollan hábitos de trabajo con sus cimientos en la perseverancia y la determinación, es altamente beneficioso para cualquiera. Y curiosamente, ‘la mentalidad de crecimiento’ no es más que un título puesto a una forma de educar más antigua que la educación en sí, en la que animamos a los aprendices a creer en uno mismo, creer en sus posibilidades y esforzarse a lograr sus metas. Vemos de nuevo cómo la neurociencia dota de valor científico a conceptos ya conocidos y experimentados a lo largo de la humanidad.

Así os animamos a acompañarnos en este viaje por el cerebro, a disfrutar del trabajo que están realizando personas por todo el mundo y enriquecer el sistema educativo con reflexiones e ideas actualizadas. Como muy acertadamente señaló Marcel Proust:

“El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes, sino en mirar con ojos nuevos.”

Plasticidad cerebral: el cambio de cultura de una escuela

Uno de los hallazgos más influyentes del siglo XX fue el descubrimiento de la plasticidad del cerebro. Este descubrimiento desafía la antigua creencia del locacionismo que tuvo vigencia durante cientos de años y según la cual cada área del cerebro tiene una función altamente específica que solo esa región puede realizar.
Los cerebros humanos tienen un nivel muy alto de plasticidad y se desarrollan a lo largo de la vida. La neuroplasticidad puede explicar por qué algunas personas han sido capaces de recuperar destrezas que se pensaban perdidas por culpa de una lesión o un accidente.

La gente que  nace con un solo hemisferio del cerebro, que aún así logra vivir su vida normalmente, es un ejemplo extremo de dicha plasticidad, Antonio Battro y Mary Helen Immor dino- Yang ofrecen documentación de personas con una
sola mitad del cerebro

[El trabajo de Battro, “Una mitad del cerebro es suficiente: la historia de Nico” (2000)].

Fuente: http://omicrono.elespanol.com/2014/12/es-posible-vivir-sin-la-mitad-del-cerebro/

Sin embargo, existen límites importantes para esta plasticidad que aumentan con la edad. Cualquier cerebro puede aprender, y lo hace durante toda la vida.

La neuroplasticidad tiene implicaciones para los cerebros que han sido dañados, pero también para experiencias básicas de aprendizaje en el aula y sobre lo que pensamos acerca de la educación. Mientras que en los años 1990 estaba de moda creer en los “cruciales” primeros años o etapas críticas, ahora se reconoce que el aprendizaje se da a lo largo de toda la vida. ¿Con esto queremos ir en contra de privilegiar la estimulación temprana en la primera infancia?, no, en absoluto, simplemente significa que, bajo condiciones normales, las habilidades que identifican las etapas normales de desarrollo deberían ser vistas como puntos de referencia, no como obstáculos en la vía, puesto que los seres humanos pueden aprender a lo largo de toda su vida.

El cerebro cambia con la experiencia

El cerebro es un sistema complejo, dinámico e integrado que constantemente está cambiando con la experiencia. Cada sabor, cada olor, cada visión y contacto que se experimenta, y cada sentimiento o pensamiento, alteran la forma física del cerebro, aunque estos cambios en el cerebro son casi siempre imperceptibles a menos que se observen con un poderoso microscopio.

Con repetición y práctica estos cambios se vuelven permanentes y esto funciona tanto para lo positivo como lo negativo. Las áreas del cerebro que normalmente se utilizan en conjunto tienden a reforzarse, mientras que las áreas que no se estimulan, se atrofian.
Se produce aprendizaje porque las neuronas se activan entre sí y se conectan entre sí. “Permanecer conectadas” es una manifestación física de cómo las experiencias de la vida cambian el cerebro. En pocas palabras, es casi imposible para el cerebro no aprender, puesto que la experiencia transforma el cerebro día a día.

FUENTE: https://unsplash.com/photos/B32qg6Ua34Y

El contexto y la experiencia tienen influencia en el aprendizaje

Cuando hablamos de contexto estamos incluyendo el ambiente de aprendizaje, la motivación por el aprendizaje de un tema nuevo, y los conocimientos ya adquiridos.

Las personas nacen con diferentes habilidades, que pueden desarrollar o perder dependiendo de los estímulos o de la falta de ellos. Es decir, lo que los estudiantes llevan al contexto del aula, incluidas las experiencias pasadas y los conocimientos adquiridos, impactará en la forma como reciben dichos estímulos.

La clave en la enseñanza es el potencial. Hay miles de personas que nacen con el potencial para ser muy inteligentes y que no viven al nivel de estas posibilidades, y consiguen maximizar esta “limitación” más allá de las expectativas. Los genes, las experiencias previas y lo que el niño hace con su potencial contribuyen a su propio éxito como estudiante.

FUENTE: https://unsplash.com/photos/ZzHnFYMYBrg

El cerebro conecta nueva y vieja información

Conectar nueva información con conocimientos previos facilita el aprendizaje. Aprendemos mejor y más rápido cuando vinculamos nueva información con lo que ya sabemos. Por ejemplo, si usted va a ir a un sitio en el que nunca ha estado y alguien le da instrucciones para llegar, resulta muy útil si además de ellas le proporciona un punto de referencia conocido por usted (“cuando llegue ahí verá la oficina de correos; desde ahí, vire a la derecha hasta la siguiente esquina”)
De manera similar, cuando un niño aprende lo hace a partir de un conocimiento anterior; no existen nuevos aprendizajes sin ninguna referencia al pasado o a lo que se conoce. Resulta por lo tanto desafortunado el que se quiera impartir en algunas escuelas o colegios conocimientos nuevos dentro de un vacío conceptual sin tratar de anclar la información con lo que los alumnos ya saben. Este vacío es la razón por la que los estudiantes que tienen bases pobres en una materia en particular no logren pasar de un determinado nivel a otro superior.
¿Cómo puede un niño que no entiende la suma, entender luego la resta? Utilizando la metáfora de la construcción de una casa, si su base es débil, ¿no es acaso irrelevante unas magníficas paredes robustas o un techo muy bien construido? Sin buenas bases la estructura no puede ser sostenida.

FUENTE: https://unsplash.com/photos/KB8-ueVa0s8

La mentalidad de crecimiento vs la mentalidad fija

En esta investigación Carol S. Dweck realizó un estudio durante cinco años con los estudiantes de séptimo curso ( 12-13 años) el equivalente a 1º ESO, un curso bastante determinante en el sistema educativo estadounidense, enmarcado dentro del contexto de las matemáticas. Lo primero que realizaron fue analizar las mentalidades del alumnado, dividiéndolas en mentalidad fija (aquellos alumnos que consideran que la atribución de sus éxitos es debida a sus capacidades) y mentalidad de crecimiento (aquellos alumnos que consideran que la atribución de sus éxitos es a causa de su perseverancia, trabajo, convicción y que por tanto sus habilidades pueden desarrollarse mediante entrenamiento y experiencia; mediante diferentes test constataron la diferenciación de estas mentalidades y podían predecir una mejora en los resultados académicos en cursos venideros por parte del alumnado que obtuvo puntuaciones en la mentalidad de crecimiento. (figura 1)

Figura 1

Con la información obtenida en el primer estudio y observado las diferencias significativas entre un grupo y otro, los investigadores realizaron un segundo estudio donde lo que pretendían medir era el impacto que tenía en la evolución académica en los alumnos que tenían un bajo rendimiento académico, recibir una intervención para promover una mentalidad de crecimiento. A través de 8 sesiones de 25 minutos, donde los alumnos recibían formación sobre cómo aprendía su cerebro y como los aprendizajes hacían cambiar de forma sustancial las conexiones de su cerebro y que ellos eran los responsables de ser los arquitectos de su propio cerebro si se lo proponían. Se les mostró cómo la inteligencia era un concepto moldeable.

Después de dicha formación los resultados no ofrecen dudas,  el alumnado que recibió la formación, mejoraron sus resultados académicos frente aquellos que utilizaban las mismas técnicas de estudio. (figura 2).

Figura 2

Conclusiones didácticas al respecto

Tras la lectura de los diferentes avances en neurociencia sobre la plasticidad cerebral y la importancia que esto tiene en la conceptualización de una escuela y el trato a sus individuos podemos obtener algunas conclusiones relevantes para nuestra práctica educativa en las aulas.

    • ¡ Fuera las etiquetas!: gracias a la plasticidad cerebral, sabemos que todos los alumnos tienen capacidad de mejora, que la inteligencia es un concepto dinámico y moldeable con el trabajo, la perseverancia es por ello que si todos los alumnos pueden, nuestra labor es hacer que todos los alumnos quieran, así que a activar sus emociones.

    • ¡ El viaje, por encima del destino!, valora en el alumnado su esfuerzo durante el proceso de aprendizaje, muy por encima de los resultados, trabajaremos en ellos su autoconcepto. Todos crecen desde el punto en el que están.

    • ¡La mirada incondicional!: cree en tus alumnos, genera expectativas positivas sobre tus alumnos, déjalos de manera explícita tus creencias ciegas en sus capacidades y márgenes de mejora, si tú crees en ellos, ellos pueden.

    • ¡ Somos únicos! Esto nos demuestra la heterogeneidad del aula, los cerebros  de nuestros alumnos son diferentes, es por ellos que no podemos pretender tener aulas homogeneas.

  • ¡ Así funciona!, muestra a tus alumnos como se genera el aprendizaje en el cerebro, usa ejemplos, vídeos, metáforas…hazlos arquitectos de su cerebro.

El reto final


Para concluir este artículo te invitamos a jugar a la Cerebroflexia (David Bueno I TORRENS , 2016) el juego es muy sencillo, coge un folio, trozo de papel en forma rectangular y construye un avión de papel…perfecto muy bien, muy bonito…sí, sí vuélalo.

Ahora, con otro trozo de papel igual al anterior elimina un trozo de papel, corta unas esquinas, hazlo un corte aleatorio y repite los pasos anteriores.

Como puedes observar existen amplias diferencias entre un avión y otro, no son iguales en nada, ni tan siquiera vuelan igual.

Quizás uno de los grandes errores de la escuela es pensar que todos nuestros alumnos tienen el mismo trozo de papel y encima les damos las mismas instrucciones para que realicen el mismo avión, ahora sabiendo algo más sobre plasticidad cerebral, intuirás que la función principal de la escuela no es hacer aviones iguales, sino enseñar a doblar a nuestro alumnado el papel de la mejor forma posible para que construyan el mejor avión posible y que vuelo lo más alto y lejos posible, así construiremos una escuela donde la diversidad sea una fuente de aprendizaje en sí misma.

Así que vuela, corre y nunca, nunca te detengas.

FUENTE: https://unsplash.com/photos/Kodkas71tT8

EQUIPO NIUCO

Bibliografía

Battro, A. M. (2000).Half a brain isenough: The story of Nico .Cambridge, UK: Cambridge University Press

Dweck, C. (2008): “Mindsets and math/science achievement”. Carnegie-IAS Commission on Mathematics and Science Education.

Dweck, C. (2012). Mindset: how you can fulfil your potential. Robinson.

Hattie, J. (2012). Visible learning for teachers. Maximizing impact on learning. Routledge.

Tokuhama-Espinosa, T. (2010).The new science of teaching and learning: Using the best of mind, brain, and education science in the classroom. New York: Columbia University Teachers College Press

Immordino-Yang, M. (2007b). A tale of two cases: Lessons for education from the study of two boys living with half their brains. Mind, Brain, and Education, 1(2),66–83.

III OpenSpace Innovación educativa «microrevoluciones en el aula»

El Campus de Alcobendas acoge el OpenSpace “Microrrevoluciones en el aula”

La Universidad Europea y NIUCO celebran, el próximo 3 de junio, el OpenSpace “Microrrevoluciones en el aula”, un espacio abierto al debate sobre innovación y mejora educativa.

NIUCO y la Universidad Europea, en su apuesta por la innovación educativa, celebran el próximo 3 de junio el OpenSpace “Microrrevoluciones en el aula”, un espacio abierto al debate donde poner en común acciones que promuevan la innovación y la mejora en la educación. Todo ello en un espacio académico como es el Campus de Alcobendas de la Universidad Europea –de 9 a18 horas en HUB Emprende–, porque “las mejores revoluciones nacen en el aula”, como destacan desde NIUCO.

La iniciativa es fruto del interés en la innovación y en su aplicación en el ámbito educativo de ambas entidades. De hecho, tal y como apunta NIUCO, “seguimos trabajando y aprendiendo y, en este camino, hemos descubierto que, a pesar de que hay una extensa comunidad de profesores que innovan todos los días en las aulas y, pese a que existe un gran consenso en torno a la necesidad de innovar en la forma en la que educamos y enseñamos, la realidad es que implantar nuevas formas de hacer las cosas es difícil y hay muchas resistencias a hacerlo”. “Precisamente por ello es por lo que soñamos con promover este espacio y hacer de él un encuentro que reúna a todos estos profesionales”, añaden.

A fin de lograr un espacio que fomente el trabajo en equipo y favorezca el tratamiento de los asuntos que interesen especialmente a los asistentes, el encuentro ha adoptado el formato de Open Space, consistente en una jornada que no dispone de programa previo. Así, a su inicio se lanzan los objetivos y se solicita a los asistentes que escriban en un papel sus intereses y los temas específicos a los que les gustaría dedicar la jornada. Con esta información, se organiza una jornada con varios grupos que se desarrollan en paralelo, dado así la oportunidad a los participantes de acudir al que más le interese y cambiar de uno a otro en función de lo que esté aprendiendo en el mismo.

Para asistir a la jornada es preciso inscribirse a través del siguiente formulario: LINK

 Día: 3 de junio

Hora: de 9 a18 horas

Lugar: Campus Alcobendas de Universidad Europea (Avda. Fernando Alonso, 8. 28108 Alcobendas, Madrid)

¿POR QUÉ EL CEREBRO NECESITA EMOCIONARSE PARA APRENDER?

El dolor es una experiencia, un refuerzo negativo, que el cerebro trata de no repetir y olvidar pronto. Por el contrario, aprender con alegría, con placer, es un refuerzo positivo, algo cuya experiencia se trata de repetir y además mantiene en la memoria mucho más tiempo lo aprendido.

Francisco Mora

Tradicionalmente, la educación formal se ha centrado en el desarrollo cognitivo de los estudiantes menospreciando los aspectos emocionales. Sin embargo, las investigaciones recientes en el campo de la neurociencia están demostrando que las emociones son imprescindibles en los procesos de razonamiento y toma de decisiones, constituyen la base de la curiosidad y la atención y, en definitiva, son determinantes en los procesos de aprendizaje. Estas cuestiones que son básicas para una buena educación son las queremos analizar en el siguiente artículo en Niuco.

Emociones y toma de decisiones

Uno de los pacientes más conocidos en la historia de la medicina es Phineas Gage, un trabajador de la construcción de una vía férrea en Vermont, Estados Unidos. Tras una explosión, una barra de hierro penetró por su mejilla izquierda, perforó la base del cráneo y atravesó la parte frontal del mismo (ver figura 1). Gage no llegó a perder el conocimiento y, en dos meses, se recuperó completamente, al menos en apariencia. No tenía dificultades para hablar o para moverse pero la persona responsable de antaño se fue convirtiendo en un ser inestable, incapaz de tomar decisiones adecuadas. El neurólogo Antonio Damasio estudió el caso de Phineas Gage y el de personas que sufrieron lesiones cerebrales similares comprobando que cuando resulta dañada la región ventromedial de la corteza prefrontal los pacientes tienen dificultades para planificar, tomar decisiones y muestran sentimientos planos (Damasio et al., 1994). Cuando se daña la principal vía de comunicación entre la corteza prefrontal, sede de las funciones ejecutivas, y estructuras subcorticales del cerebro, como la amígdala, la razón pierde la capacidad para regular la conducta emocional.

Motivación en el aprendizaje

Muchas veces los maestros decimos que nuestros alumnos no están motivados. Pero, realmente, lo que ocurre es que no suelen estar motivados para aprender lo que nosotros queremos que aprenden y sí lo están para aprender otras muchas cosas. De hecho, los seres humanos somos curiosos por naturaleza y, desde el nacimiento, los bebés muestran mayor interés por los sucesos inesperados y se aburren con mayor facilidad con objetos que manifiestan características predecibles (Stahl y Feigenson, 2015).

Disponemos de un sistema de recompensa cerebral que nos permite aprender a través de lo novedoso, lo diferente,… lo que, en definitiva, nos motiva. A mayor grado de curiosidad suscitado, se activan regiones de ese sistema de recompensa -en las que se sintetiza dopamina- que conectan con el hipocampo y que nos permiten consolidar las memorias y aprender (Gruber et al., 2016; ver figura 2). Para un aprendizaje óptimo lo verdaderamente importante es el valor de lo inesperado, no el valor absoluto del premio: aprendemos cuando tenemos una determinada expectativa y el resultado del comportamiento mejora lo esperado. Francisco Mora (2013) lo resume muy bien: “La curiosidad enciende la emoción. Y con la emoción se abren las ventanas de la atención, foco necesario para la creación de conocimiento”.

La letra con sangre no entra

El miedo impide la esencia del aprendizaje: integrar los conocimientos en lo ya conocido y transferir el aprendizaje a otras situaciones. La ausencia de miedo hace que los pensamientos sean más amplios, abiertos y libres. Las personas más felices suelen resolver mejor los problemas creativos mostrando una mayor capacidad para asociar ideas lejanas y una atención visual más abierta. Las emociones positivas abren el foco de nuestra atención que posibilita una mayor exploración del entorno, respuestas menos habituales y reflexiones novedosas (Subramaniam et al., 2009).

Como han demostrado los estudios con neuroimágenes, un estado de ánimo positivo es esencial para que se dé un buen aprendizaje. En un interesante experimento (Erk et al., 2003), los participantes vieron imágenes que correspondían a contextos emocionales diferentes (positivos, negativos y neutros) y luego se les mostró palabras que debían memorizar. Cuando se analizó el cerebro de los participantes durante las tareas se observó que se activaban regiones cerebrales diferentes: el lóbulo frontal en los contextos emocionales neutros, la amígdala en los negativos y regiones del hipocampo ante las situaciones emocionales positivas (ver figura 3). En esta última situación recordaban más palabras, lo que sugiere que los climas emocionales positivos son imprescindibles para el aprendizaje. Una muestra más de la estrecha relación que existe entre emoción y cognición.

¿Qué funciona en educación?

John Hattie está realizando una de las investigaciones más completas sobre educación de toda la historia. Sus estudios alcanzan ya los 1200 metaanálisis con una muestra total de millones de estudiantes de todas las etapas educativas. Hattie ha identificado 195 factores que inciden sobre el aprendizaje del alumnado y los ha tabulado con una medida estadística conocida como tamaño del efecto. La gran mayoría de los factores analizados tienen una incidencia positiva, lo cual indica que prácticamente todo lo que hacemos en el aula hace que los estudiantes aprendan algo, pero lo que realmente nos debe interesar son las incidencias altas. Entre los efectos mayores encontramos cuestiones emocionales relacionadas con el feedback, la relación entre el profesor y el alumno o la relación entre los propios compañeros. Y entre las tres incidencias con mayores tamaños del efecto están las expectativas del profesor sobre la capacidad de los alumnos, las expectativas de los propios estudiantes y la cooperación entre los docentes (Hattie, 2015). Todo ello requiere una buena educación socioemocional que, en el aula, siempre parte de la formación del profesorado. Y que, por supuesto, no puede obviar la importancia de la familia en el proceso.

Sin emoción no hay razón

Los estudios longitudinales en los que han participado estudiantes de todas las etapas educativas demuestran, desde otra perspectiva, que no podemos separar lo cognitivo de lo emocional. Cuando se integran programas de aprendizaje socioemocional bien sistematizados, se observa que los estudiantes van adquiriendo unas competencias emocionales básicas en los tiempos actuales. Por ejemplo, para que exista una buena cooperación se requiere que los alumnos asuman competencias relacionadas con la responsabilidad, la solidaridad, el respeto,… y otras muchas. Porque cooperar es más que colaborar. Requiere ese componente empático imprescindible para cultivar unas buenas relaciones humanas. Y la mejora de estas competencias emocionales va asociada a una mejora de su rendimiento académico (Durlak et al., 2011). Junto a esto, se ha comprobado que las funciones ejecutivas del cerebro que nos permiten planificar y tomar decisiones adecuadas se pueden entrenar y mejorar a cualquier edad, y ello resulta fundamental para el bienestar personal del niño o el adolescente, pero también para su éxito académico (Best et al., 2011).

En la práctica

La pregunta que nos planteamos es: ¿qué podemos hacer en la práctica para despertar la chispa emocional entre el alumnado y poder mejorar así los procesos de enseñanza y aprendizaje? Entre las muchas estrategias posibles, algunas parecen ser claras:

  • Mostrar entusiasmo por lo que hacemos.
  • Generar climas emocionales positivos en el aula.
  • Fomentar un aprendizaje activo en el que los estudiantes son los protagonistas del mismo.
  • Vincular el aprendizaje a situaciones cotidianas.
  • Tener en cuenta los intereses y conocimientos previos del alumnado.
  • Suministrar retos adecuados y feedback
  • Favorecer el trabajo cooperativo a todos los niveles.
  • Suscitar la curiosidad en los inicios de las clases con conflictos cognitivos y estrategias novedosas.
  • Priorizar la educación social y emocional.
  • Promover una mentalidad de crecimiento en el aula alejada de etiquetas limitantes.
  • Manifestar expectativas positivas sobre la capacidad del alumnado.
  • Mirar con afecto a los estudiantes.

Como decía Mahatma Gandhi: “Sé tú el cambio que deseas ver en el mundo”. Nuestra responsabilidad como maestros es enorme. Afortunadamente, nuestro cerebro plástico nos permite seguir aprendiendo y mejorando. Siempre con emoción.

Jesús C. Guillén

Referencias:

  1. Best J. R. et al. (2011): “Relations between executive function and academic achievement from ages 5 to 17 in a large, representative national simple”. Learning and Individual Differences 21, 327-336.
  2. Damasio H. et al. (1994): “The return of Phineas Gage: clues about the brain from the skull of a famous patient”. Science 264, 1102-1105.
  3. Damasio, Antonio (2010). El error de Descartes: la emoción, la razón y el cerebro humano. Barcelona: Crítica.
  4. Durlak, J.A. et al. (2011): “The impact of enhancing students’ social and emotional learning: a meta-analysis of school-based universal interventions”. Child Development, 82, 405-32.
  5. Erk, S. et al. (2003): “Emotional context modulates subsequent memory effect”. Neuroimage, 18, 439-447.
  6. Gruber M. J. et al. (2016): “Post-learning hippocampal dynamics promote preferential retention of rewarding events”. Neuron 89(5), 1110–1120.
  7. Hattie J. (2015): “The applicability of visible learning to higher education”. Scholarship of Teaching and Learning in Psychology 1(1), 79–91.
  8. Mora, Francisco (2013). Neuroeducación: sólo se puede aprender aquello que se ama. Madrid: Alianza Editorial.
  9. Mora, Francisco (2016). Cuando el cerebro juega con las ideas. Madrid: Alianza Editorial.
  10. Stahl A. E., Feigenson L. (2015): “Cognitive development. Observing the unexpected enhances infants’ learning and exploration”. Science 348(6230), 91-94.
  11. Subramaniam K. et al. (2009): “A brain mechanism for facilitation of insight by positive affect”. Journal of Cognitive Neuroscience 21(3), 415-432.

Estrategias para mejorar la ATENCIÓN

La capacidad de recuperar voluntariamente la atención dispersa, una y otra vez, es la raíz del juicio, del carácter y de la voluntad. Si hubiera una educación que mejorara esta capacidad, sería la educación por excelencia. Sin embargo, resulta más fácil definir este ideal que dar instrucciones prácticas para alcanzarlo.

William James

La atención constituye un proceso difícil de definir porque intervienen en el mismo una gran variedad de factores que utilizamos continuamente en nuestra vida cotidiana. La atención nos permite seleccionar los estímulos a los que queremos dar prioridad, controlar nuestras acciones y, además, requiere un nivel adecuado de activación. Pero, ante todo, la atención es un recurso muy limitado (ver video).

Asociado a lo anterior, la neurociencia cognitiva está demostrando que este mecanismo imprescindible para el aprendizaje no constituye un proceso cerebral único sino que existen diferentes redes atencionales (de alerta, de orientación y ejecutiva; ver figura 1) que siguen ritmos de desarrollo distintos y en las que intervienen circuitos, regiones y neurotransmisores concretos. Desde la perspectiva educativa es muy importante la atención ejecutiva, asociada a la autorregulación, porque permite al estudiante focalizar la atención de forma voluntaria inhibiendo estímulos irrelevantes, como cuando está concentrado intentando resolver un problema o siguiendo la explicación del profesor.

A continuación analizamos algunas estrategias útiles para optimizar la atención en el aula, que están en consonancia con las investigaciones que provienen de las ciencias cognitivas.

  1. Ejercicio físico

La actividad física es tan buena para el corazón como para el cerebro. El ejercicio regular modifica el entorno químico y neuronal que favorece el aprendizaje (Erickson et al., 2015). Cuando se han probado programas de actividad física en preadolescentes durante un curso entero, se ha identificado un incremento en la actividad cerebral frontal que va acompañada de un mejor desempeño en tareas en las que interviene la atención ejecutiva (Hillman et al., 2014; ver figura 2). Asimismo, cuando los niños dedican 15 o 20 minutos a correr o caminar, antes del inicio de las clases, mejora su comportamiento, su concentración durante las tareas y su disposición para el aprendizaje en el inicio de la jornada escolar (Stylianou et al., 2016). Todo ello sugiere la necesidad de utilizar estrategias de aprendizaje activas en las que el movimiento es importante.

  1. Mindfulness

Los estudios con neuroimágenes han revelado que la meditación mejora la activación y la conectividad de áreas cerebrales asociadas a la autorregulación en cualquier etapa de la vida (Tang et al., 2014). En concreto, se ha comprobado que resulta especialmente útil integrar prácticas contemplativas, como el mindfulness, en los programas de educación socioemocional. Un programa de 12 sesiones semanales de menos de una hora de duración fue suficiente para mejorar diversas competencias emocionales básicas y la atención ejecutiva de los preadolescentes que participaron en el mismo (Schonert-Reichl et al., 2015; ver figura 3). Prestar una atención concreta, sostenida y deliberada sin juzgar las experiencias del aquí y del ahora, tal como ocurre en el mindfulness, constituye una forma de actividad mental que promueve los mismos beneficios que la actividad física.

  1. Juego

El análisis del cerebro de personas jugando revela una activación de regiones asociadas al sistema de recompensa cerebral (motivación intrínseca), pero también una desactivación de la red neuronal por defecto que se explicaría por la necesidad de enfocar la atención hacia los estímulos externos -y no los internos- facilitándose así el aprendizaje (Howard-Jones et al., 2016). Aunque pueda resultar sorprendente, son los videojuegos de acción -y no otros- los que inciden positivamente en el funcionamiento ejecutivo cerebral mejorando la agudeza visual, la flexibilidad cognitiva o las redes atencionales orientativa y ejecutiva (Green y Bavelier, 2015). Asimismo, programas de entrenamiento cognitivo informatizados han resultado muy útiles para mejorar las diferentes redes atencionales (Posner et al., 2016).

En conjunto, estas investigaciones sugieren la necesidad de integrar con naturalidad el componente lúdico en los contenidos curriculares e incorporar los recursos digitales (ver video) cuando lo requieran los objetivos de aprendizaje.

  1. Naturaleza

Qué importante resulta vincular el aprendizaje al mundo real, especialmente en la infancia. En esta etapa, el cerebro del niño se beneficia del contacto directo con la naturaleza a través de lo sensorial directo. Pero esos beneficios se pueden extender a cualquier etapa educativa.

Cuando centramos la atención en una tarea durante periodos de tiempo prolongados disminuye la liberación de determinados neurotransmisores en la corteza prefrontal, provocando la correspondiente fatiga mental. Sin embargo, un simple paseo por un entorno natural es suficiente para recargar de energía estos circuitos cerebrales involucrados que permiten recuperar la atención y la memoria y mejorar con ello los procesos cognitivos (Berman et al., 2009).

  1. Parones

Como la atención es un recurso limitado, no podemos focalizarla en las tareas durante periodos de tiempo prolongados. Ello sugiere fraccionar el tiempo dedicado a la clase en periodos de diez o quince minutos, a lo sumo, para poder optimizarla y acompañarlos de los correspondientes parones. Estos servirán para volver a liberar de forma adecuada los neurotransmisores que intervienen en los procesos atencionales y para enlazar con el siguiente bloque de estudio. Y estos parones pueden ser activos. Ocho ciclos de movimientos rápidos (saltos, sentadillas o similares) durante 20 segundos, seguidos de descansos de 10 segundos, son suficientes para optimizar la atención necesaria que requiere la tarea posterior y mejorar el desempeño en la misma (Ma et al., 2015).

  1. Sorpresa

Cuando se incrementa lo novedoso, lo diferente,… lo que, en definitiva, suscita una mayor curiosidad, aumenta la activación de regiones vinculadas al sistema de recompensa cerebral en las que se sintetiza y libera dopamina y así se mejora la actividad del hipocampo y se facilita el aprendizaje (Ripollés et al., 2016). Y es que el ‘factor sorpresa’ -a través de un conflicto cognitivo, un problema real, un juego, un debate, etc.- activa y mantiene la atención de alerta. Especialmente importante es la fase inicial de la clase porque existe una mayor probabilidad de que recordemos algo presentado inicialmente (efecto de primacía) ya que capta más nuestra atención (Oberauer, 2003).

  1. Variedad

Como al alumno, sea niño o adolescente, le cuesta mantener la atención durante periodos de tiempo prolongados, no es adecuado utilizar de forma continuada el tradicional método expositivo en el aula. En la práctica, existen muchas estrategias que pueden estimular al cerebro y captar su atención como, por ejemplo, tareas asociadas a metáforas, predicciones, simulaciones, debates, lecturas, videos, cambios regulares del entorno, etc. En consonancia con ello, son necesarias las metodologías que fomenten un aprendizaje activo (como en los proyectos cooperativos, por ejemplo) porque son las que tienen una mayor incidencia en el aprendizaje (Freeman et al., 2014). Y, junto a ello, nada mejor para el aprendizaje eficiente del cerebro que se utilice un enfoque multisensorial que permita integrar el mayor número posible de conexiones neuronales entre diferentes regiones cerebrales.

  1. Historias

Al cerebro le encantan las buenas historias. Una buena narrativa no se limitará a captar nuestra atención sino que, además, será capaz de mantenerla. Este es un recurso educativo que puede utilizarse en cualquier etapa y que resulta muy útil en el inicio de las clases. Y también puede servir para organizar una unidad didáctica o un curso completo, como en el caso de la gamificación. Porque gamificar consiste básicamente en eso, en compartir buenas historias. Crear una buena historia evocará la necesaria atención de alerta de los alumnos que les permitirá adentrarse en las experiencias que les acompañarán posteriormente de forma gratificante. Así, por ejemplo, se puede aprender geografía a través de una historia de zombis. El profesor explica una historia apocalíptica de zombis en la que, para escapar de ellos, hay que conocer el territorio. Nos aproximamos a la historia a través de un recurso multisensorial, como es el cómic, y todas las tareas de aprendizaje estarán integradas en la historia de zombis y en el cómic.

Y es que, tal como mantenía también William James hace más de un siglo: “Aquello a lo que atendemos se convierte en nuestra realidad, y aquello a lo que no atendemos acaba desapareciendo poco a poco de nuestra realidad”.

Jesús C. Guillén

Referencias:

  1. Berman M. G. et al. (2009): “The cognitive benefits of interacting with nature”. Psychological Science 19, 1207–1212.
  2. Erickson K. I. et al. (2015): “Physical activity, brain, and cognition”. Current Opinion in Behavioral Sciences 4, 27–32.
  3. Freeman S. et al. (2014): “Active learning increases student performance in science, engineering, and mathematics”. Procedings of the National Academy of Sciences 111 (23), 8410-8415.
  4. Green C. S. y Bavelier D. (2015): “Action video game training for cognitive enhancement”. Current Opinion in Behavioral Sciences 4, 103-108.
  5. Hillman et al. (2014): “Effects of the FITKids randomized controlled trial on executive control and brain function”. Pediatrics 134 (4), 1063-1071.
  6. Howard-Jones P. A. et al. (2016): “Gamification of learning deactivates the default mode network”. Frontiers in Psychology 6 (1891).
  7. Ma J. K. et al. (2015): “Four minutes of in-class high-intensity interval activity improves selective attention in 9- to 11-year olds”. Applied Physiology Nutrition and Metabolism 40, 238-244.
  8. Oberauer K. (2003): “Understanding serial position curves in short-term recognition and recall”. Journal of Memory and Language 49(4), 469-483.
  9. Posner, Michael I. y Rothbart, Mary K. (2007). Educating the human brain. American Psychological Association.
  10. Posner M. I. et al. (2016): “Developing brain networks of attention”. Current Opinion in Pediatrics 28(6), 720-724.
  11. Ripollés P. et al. (2016): “Intrinsic monitoring of learning success facilitates memory encoding via the activation of the SN/VTA-Hippocampal loop”. Elife Sep 20; 5.
  12. Schonert-Reichl K. A. et al. (2015): “Enhancing cognitive and social-emotional development through a simple-to-administer mindfulness-based school program for elementary school children: a randomized controlled trial”. Developmental Psychology 51(1), 52-66.
  13. Stylianou M. et al. (2016): “Before-school running/walking club: effects on student on-task behavior”. Preventive Medicine Reports 3, 196-202.
  14. Tang Y-Y et al. (2014): “Meditation improves self-regulation over the life span”. Annals of the New York Academy of Sciences 1307, 104-111.